Ananbel
Marquez
/ Al
Dia
Cada viernes Salvador Escalante y su esposa Tempie se reúnen
con un grupo de
amigos para comer tacos y beber margaritas en su casa.
Lo han hecho desde que se conocieron hace once años, pero
decidieron
continuar la tradición cuando uno de esos viernes típicos
de margaritas y
tacos le cambió la vida a Salvador.
El año era 1994. Sus riñones tenían una infección
muy avanzada que hacía que
funcionaran al 10 por ciento de su capacidad. Salvador tenía
que someterse a
diálisis tres veces a la semana y se empezaba a desesperar.
El hospital Parkland había colocado su nombre en una larga
lista de espera
para un transplante de riñones y le había suministrado
un beeper para
llamarlo cuando hubiera dos riñones disponibles. Tuvo que
esperar tres
meses.
"El beeper era mi esperanza. Ese viernes después de
nuestros tacos mi esposa
y yo ya nos íbamos a dormir. Puse el beeper sobre la cómoda
y empezó a
sonar. Llamé al hospital y me dijeron: 'ya tenemos tus órganos.
Ven ahora'".
Salvador recibió el transplante de riñones el 19 de
febrero de 1994 y al
celebrar el onceavo aniversario de su transplante, tiene un mensaje
para
todos los que esperan el suyo: "Creo en Dios y si de Dios está
que la gente
reciba uno, qué bueno, si no, hay que vivir como Dios lo
quiera, pero no
perder la fe".
"En México tenemos esa idea de que cuando alguien se
muere tiene que irse
entero, cuando en realidad sólo se va el espíritu.
¿Qué chiste tiene que los
gusanos se coman las partes del cuerpo cuando esos órganos
se pueden
utilizar en otras personas?", se pregunta.
A nivel nacional, el 13 por ciento de los donadores de órganos
son
afroamericanos y el 13 por ciento son hispanos, pero de acuerdo
a
estadísticas de la Alianza de Transplantes del Suroeste,
los grupos
minoritarios componen la mitad de los nombres en las listas de espera
para
transplantes de órganos.
En Texas, los latinos representan el 35 por ciento de los donantes.
En la
lista de espera para transplantes de riñones componen el
47 por ciento. En
números concretos, 1,917 latinos del estado necesitan riñones
entre un total
de 4,074 personas.
"Es importante que la gente considere la donación de
órganos. Los riñones
requieren un equivalente genético que regularmente se encuentra
entre
personas de la misma etnia", dijo Pam Silvestri, vocera de
la Alianza de
Transplantes del Suroeste.
El caso de Salvador fue una excepción. No solo recibió
la llamada poco
después de ingresar en la lista, sino que respondió
bien al transplante.
Una persona, en promedio, debe esperar entre seis meses y año
para obtener
un riñón, según la Asociación Nacional
de Información Sobre Riñones y
Enfermedades Urológicas.
Tres semanas después de su transplante, Salvador ya estaba
en su casa y unos
días después, ya había regresado al trabajo.
"Espero que con el tiempo más gente tenga la fortuna
de vivir con un
transplante por tanto tiempo", dijo.
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